Ortega sepulta la democracia, pero el embajador de México en Managua le da trato de “compañero” y lo felicita


 

Lo felicita por el aniversario sandinista, reconoce a Ortega y Murillo como “copresidentes” y les envió un “fraterno y cálido abrazo”

NIcaragua.- La Embajada de México en Managua difundió una carta de felicitación a Daniel Ortega y Rosario Murillo por el 47 aniversario de la Revolución Sandinista, reproducida en medios nicaragüenses como TN8La Nueva Radio YA y Canal 4. Apenas días después, Ortega anunció que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”, confirmando su intención de perpetuarse en el poder.

La misiva firmada por Guillermo Zamora Villa, embajador de México en Nicaragua, reconoció a Ortega y Murillo como “copresidentes” y les envió un “fraterno y cálido abrazo”. El documento apareció en varios medios oficiales nicaragüenses —TN8La Nueva Radio YA y Canal 4— que lo difundieron como muestra de respaldo internacional al régimen sandinista. El gesto diplomático, protocolario en apariencia, se convirtió en un aval incómodo: México saludando a un gobierno que ya no oculta su vocación autoritaria.

La dictadura familiar

El 19 de julio de 2026, durante la conmemoración del triunfo sandinista, Daniel Ortega declaró sin rodeos que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones”. Con esa frase, el comandante sepultó la vía democrática y confirmó que su proyecto político es eterno, blindado por la represión y sostenido por la alianza con Rosario Murillo, convertida en copresidenta de facto.

La declaración no fue un exceso retórico, sino la confesión pública de un régimen que se sabe perpetuo. Y lo más inquietante es que, en paralelo, México aparece en escena enviando felicitaciones, como si el entierro de las urnas mereciera aplausos diplomáticos.

La contradicción es evidente: un país que presume de tradición democrática se presta a legitimar a un gobierno que liquida las elecciones y se aferra al poder con discursos de revolución eterna. El “compañero” Ortega ya no promete urnas, promete permanencia. Y México, al felicitarlo, se coloca en la incómoda posición de avalar esa acción.

La carta y la declaración son piezas de un mismo rompecabezas: la normalización de un régimen que se perpetúa sin urnas. Ortega no quiere elecciones, quiere eternidad. 

La Aurora de México