
Mientras docentes de todo Chihuahua salen a las calles para exigir una plaza, la autoridad educativa les responde con una calculadora en la mano: que no alcanza la matrícula, que la relación alumno-maestro no lo permite y que una vacante no necesariamente debe asignarse. Son los mismos argumentos que la Secretaría de Educación utilizó oficialmente para justificar el proceso y que, tras las protestas, la obligaron a instalar una mesa de revisión sobre las plazas disponibles. La propia dependencia prometió transparentar vacantes, estructuras ocupacionales y necesidades del servicio.
Pero si la matrícula es la regla, debe aplicarse en todas partes. Los señalamientos sobre la Escuela de Trabajo Social son demasiado serios para esconderlos: grupos que presuntamente no superan los 12 alumnos, menos de 40 estudiantes de nuevo ingreso y una plantilla de más de 35 docentes para alrededor de 200 jóvenes. La autoridad debe publicar las cifras reales, los horarios, las cargas académicas, los salarios y el procedimiento mediante el cual se otorgó cada plaza. También debe aclarar si existen vínculos políticos o sindicales en los nombramientos encabezados por el director Martín Campoy Zamorano y la subdirectora Mayra Gabriela Flores Reyes, cuyos cargos sí aparecen en información institucional. Porque si las cifras son falsas, que las desmientan; pero si son ciertas, alguien convirtió una escuela pública en refugio laboral para recomendados.
Y Manuel Quiroz, dirigente de la Sección 42, no puede guardar silencio mientras sus agremiados se manifiestan en la calle y dentro de una institución educativa aparecen sospechas de trato preferencial. No se puede cerrar una escuela básica por falta de alumnos y conservar intactos los privilegios de quienes tienen padrino sindical. La matrícula no puede ser una sentencia para el maestro de comunidad y apenas una sugerencia para los amigos del poder. En la educación pública debe mandar la necesidad de los estudiantes, no la lista de invitados del sindicato.
En Chihuahua no faltan maestros; sobran padrinos. Para conseguir un salón hace falta alumnado; para conseguir una plaza, al parecer, basta con conocer al corrupto de Quiroz.


